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Covid-19: por qué no he pedido comida para llevar

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Con la crisis del Covid, uno de los sectores más afectados ha sido sin duda la industria de los restaurantes. Entre las medidas restrictivas y los cierres impuestos, la única manera de seguir adelante ha sido a través de la venta de comida para llevar. Se ha presentado como la panacea, pero la opción de la comida para llevar solo ha sido adoptada por el 5% de los restaurantes.

A pesar de mi cercanía con muchos representantes de la industria de la restauración, no he pedido comida para llevar ni una sola vez en los últimos 12 meses.

¿Por qué? Porque el placer no es el mismo.

3 argumentos que demuestran que la comida para llevar no es rentable

  • Solo el 5% de los restaurantes han empezado a ofrecer comida para llevar. Si es tan rentable, ¿por qué no lo han hecho el otro 95%? ¡Porque los costes fijos siguen siendo altos incluso si se trata de comida para llevar!
  • 25%: la comisión de las plataformas de entrega. Cuando conoces los márgenes de beneficio dentro de la industria de la restauración, entregar el 25% es como perder dinero.
  • Porque los productos más rentables (las bebidas) no se venden como comida para llevar. En los restaurantes, la rentabilidad se establece en los «extras»: vino, champán, bebidas. Cuando hablamos de comida para llevar, no se venden estos productos con grandes márgenes de beneficio.

Ir a un restaurante es una experiencia social, un momento privilegiado que saboreamos (tanto literal como figuradamente). La comida para llevar es la antítesis de un placer compartido. Todo se entrega al mismo tiempo, por lo que no hay espera entre platos que te permita disfrutar de la presencia de lo demás.

Me arriesgaría a decir que esperar constituye una parte esencial de la experiencia del cliente en un restaurante. El «tiempo entre platos» es casi tan significativo como el tiempo durante el que se disfrutan estos. Reunirse, desconectar, compartir placeres sencillos es, en mi opinión, una fuente de felicidad (siempre y cuando la espera no sea demasiado larga, por supuesto 🙂 ).

Más allá de la comida en sí misma, el restaurante nos sitúa en un ambiente propicio para vivir una experiencia.

Para mí, la comida para llevar no se corresponde con ese momento para compartir, sino con la búsqueda de una solución para un problema: absorber calorías en el mínimo de tiempo.

En el restaurante, hay una parte asumida de ineficacia. Es un hecho que pasamos en ellos más tiempo del necesario, y ese es precisamente su valor añadido.

Así que, por favor, no me habléis de comida para llevar. Cuando vuelvan a abrir, me sumiré por completo en los restaurantes, pero por ahora estoy a dieta.

Concluyendo

Comer fuera de casa es una experiencia, mientras que pedir comida para llevar no lo es.

Comer fuera de casa incluye una dimensión relacional, y pedir comida para llevar no es más que una transacción.

 

 

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